Ballenas del Atlántico Norte se encogen por culpa del hombre

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Estudio publicado en la revista Current Biology, sugiere que son los factores de estrés originados por el hombre los que frenan el crecimiento de las ballenas del Atlántico Norte, reduciendo su capacidad de reproducción y aumentando su mortalidad.

Científicos analizaron el cambio que han sufrido en los últimos 40 años las ballenas francas glaciales que viven en el Atlántico Norte, descubriendo que, en la actualidad, esta especie en peligro de extinción es mucho más pequeña que las generaciones anteriores. Además, la población de este tipo de ballenas alcanza apenas los 360 ejemplares, aproximadamente, y muchas están marcadas con cicatrices de enmallamientos en equipos de pesca, así como por colisiones con barcos.

Foto: NYT
Foto: John Durban y Holly Fearnbach / The New York Times 

Un equipo de científicos junto a Joshua Stewart —ecólogo de conservación cuantitativa de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y autor principal del estudio— hicieron un seguimiento a 129 ballenas previamente identificadas y de las que ya se conocía su edad, descubriendo que la longitud de los animales disminuyó en un 7 % (90 centímetros) en promedio desde 1981. Además, muchas ballenas presentaban casos extremos de retraso en el crecimiento. «Vimos ballenas de 5 e incluso 10 años que tenían el tamaño de ballenas de 2 años», señala Stewart. En un caso, una ballena de 11 años tenía el mismo tamaño que una de 1 año y medio.

Joshua Stewart
Joshua Stewart, ecólogo de conservación cuantitativa de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y autor principal del estudio / joshuastewart.info

Son los factores de estrés originados por el ser humano, principalmente los enmallamientos, los que frenan el crecimiento de las ballenas, reduciendo su capacidad de reproducción y aumentando sus probabilidades de morir. Trampas de pesca que llegan a pesar miles de kilos, impiden a las ballenas sumergirse lo suficiente para encontrar comida una vez que se enredan en ellas. «Lo que pensamos que está pasando es que arrastrar estos montones de equipo crea una carga extra, la cual requiere de energía para jalar, energía que de otro modo probablemente se destinaría al crecimiento», concluye Stewart.

Imagen principal: John Durban y Holly Fearnbach vía The New York Times

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