Sin sostenibilidad no hay moda

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La industria textil ha de asumir que los procesos productivos de la misma deben sufrir una profunda transformación para adaptarse a un cliente más crítico, exigente, con conciencia social y medioambiental

El sentido común será la tendencia predominante en una industria de la moda que vive un sinfín de cambios estructurales con la sostenibilidad como bandera indiscutible. Empoderamiento, talento, creatividad o diversidad son algunos de los términos que resumen una nueva «ola» que ya ha empezado a transformar un sector en profunda recesión, revolución y reconstrucción. Porque no nos engañemos: la COVID-19 ha acelerado procesos que ya se vislumbraban antes de este 2020. ¿Acaso no llevamos años hablando de la digitalización, la sobreproducción o de un calendario de temporadas muy alejado de las necesidades del consumidor final? En los últimos tiempos y, sobre todo, tras el inicio de la pandemia, la mentalidad del cliente ha dado un giro de 180 grados buscando calidad, durabilidad y transparencia en toda la cadena de valor. Es el momento de repensar el modelo de negocio de las empresas. Nada es lo que era porque esto más que una crisis temporal podría ser el inicio de una «nueva realidad», cargada de cambios oportunidades.

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Aunque todavía pueda parecer incipiente incluso osado afirmarlo, todo parece indicar que, en un industria manejada por los grandes grupos y el ‘fast fashion’, las ventas al por mayor irán disminuyendo, la comercialización directa a través de canales digitales serán vías a seguir desarrollando y ampliando; y que los diseñadores locales, o las colecciones de autores independientes, volverán a jugar un papel más que importante. El consumo excesivo de ropa «económica» y «rápida» seguirá decreciendo ante el auge de adquirir piezas artesanales con una producción «eco». Si antes del confinamiento lo intuíamos, ahora lo confirmamos: no necesitamos consumir tanto, pero sí mejor. Y para ello tendremos que repensar el reparto de nuestros recursos económicos.

Un dato significativo, aunque no definitivo: los últimos estudios publicados atribuyen a los ‘Millennial’ más del 40% de las compras en el sector del lujo. ¿Significa esto que el poder adquisitivo de esta generación ha aumentando? No, y a la vista están las devastadoras consecuencias de esta crisis socio-económica, que se ha vuelto a cobrar miles de empleos de una generación que ya sufrió la profunda recesión del 2008. Simplemente, las nuevas generaciones valoran la calidad y la durabilidad del producto (valga la redundancia); el empoderamiento, la experiencia de compra, el esfuerzo de adquisición y la diferenciación respecto al resto.

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Foto: journal.shopbuho.co

En esta nueva mentalidad, lo que antes era «in», ahora será «out»; triunfará el «menos es más»; y lo que hasta ahora considerábamos «poco accesible», pasará a ser una inversión a largo plazo o «para toda la vida». Desaparecerán marcas que lleven a sus espaldas años de insuficientes resultados, se penalizará la poca transparencia, resurgirán empresas que sepan surfear a tiempo esta nueva «ola» y triunfarán (adjetivo cuestionable donde los haya) las firmas capaces de dar con la tecla de lo singular, innovador, actual funcional.

Si lees estas líneas, no esperes a ejecutar mañana lo que puedas desarrollar hoy y recuerda que el consumidor ha dejado de ser un agente pasivo. Pienso, luego existo (cogito ergo sum); valoro, luego opino.

Foto principal: «Venus de los trapos – de Michelangeo Pistoletto, 1967»

Fuente: diariovasco.com

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